La cigüeña Ruela


La cigüeña Ruela:
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Erase una vez, hace algún tiempo vivía una bonita cigüeña llamada Ruela. Ruela vivía en uno de los campanarios de la catedral de Nôtre Dame de París, donde tenía elaborado su gran nido con las hojas y troncos de árboles que había podido recoger por los diferentes jardines que rodeaban la catedral. A Ruela le encantaba sobrevolar Paris disfrutando de los paisajes tan acogedores y hermosos que conformaban la ciudad. Era una de las cigüeñas más rápidas y veloces de toda Notre dame y realizaba los más bonitos diseños de cunas y nidos para las diferentes crías de cigüeña que nacían en las afueras de la ciudad de París, por ello muchas mamás cigüeña acudían a Paris en busca de algún bonito nido para su bebé próximo en nacer.


  


Todas las cigüeñas esperaban que Ruela algún día decidiera ser mamá, pero su independencia y su sensación de libertad hacían que Ruela no quisiera tener descendencia, ella prefería sobrevolar libre y despreocupada Paris sin  tener ningún tipo de responsabilidad ni tener que preocuparse por el cuidado de un bebé. Ella disfrutaba simplemente realizando sus diseños de cunitas y de nidos y viajando de un lado a otro de Francia.

-Ruela , ¿ cuándo decidirás por fin traer descendencia? Todos queremos poder llegarte a ver algún día con un bebé entre las manos- dijo la cigüeña Saltina dirigiéndose a Ruela.

-Imposible, Saltina. Ya sabes que los niños no me gustan . Ya decidí hace largos años que pasaría mi vida en soledad, en este gran campanario que es mi hogar. Adoro mi independencia y mi libertad y no estoy dispuesta a perderla por tener que dedicarme al cuidado de  una pequeña cigüeña llorona. No deseo ser mamá.- dijo Ruela ante la mirada de sorpresa de Saltina.

-¡ Está bien!, es tu decisión. Todas nosotras hace tiempo que fuimos mamás y aunque ahora quisiéramos ya no podríamos ya que somos mayores, pero tú todavía estas a tiempo para serlo, dispones de algunos años más para intentarlo, eres la más joven de todas- continuó diciendo Saltina.

-No insistas. Es mi decisión. Estoy mejor sola viviendo el día a día rodeada de mis pensamientos y divirtiéndome sobrevolando lugares y disfrutando de los momentos, no quiero más responsabilidades de las que ya tengo- continuó diciendo Ruela.

-Bueno, no insisto más. Solo quería que supieses que ahora que nosotras ya no podemos ser mamás teníamos la esperanza de poder recuperar nuestro instinto maternal disfrutando con el nacimiento de tu bebé cigüeña  que todavía puedes- dijo Saltina esperanzada.

-Sería una satisfacción para nosotras ya que a nuestra edad avanzada estamos más pendientes de poder soportar nuestros dolores de plumas y nuestros despistes  que de disfrutar sobrevolando París tal y como tú haces. El   poder disfrutar de la compañía de un bebé nos llenaría de júbilo y estoy segura que dejaríamos de pensar en el malestar que sentimos debido a nuestra avanzada edad- continuó diciendo Saltina.

-Pues os tendréis que conformar pasando vuestra  ancianidad entre las paredes de este campanario sin bebés a los que adorar porque yo no estoy dispuesta a satisfacer vuestra curiosidad y necesidad de volver a experimentar el instinto maternal. Tendréis que convencer a otra cigüeña por que yo no quiero renunciar a la sensación de libertad que me da la soledad.

Y sin más que decir, la cigüeña Ruela partió de nuevo en dirección a los jardines d Nôtre-dame, dispuesta a seguir recogiendo algunas hojas y alguna ramas para confeccionar nuevos nidos con los que adornar los campanarios de Paris.

Mientras en el trenecito del zoo de  las Margaritas un feliz acontecimiento acababa de sucederse. Se había producido el nacimiento de varias crías de diferentes animales que  formaban parte del zoo y se encontraban muy emocionados celebrándolo con el ritmo de las campanillas, tambores y timbales que la banda de los Gorilas había creado para el feliz acontecimiento. Todas las mamás se encontraban recuperándose del feliz evento y se mostraban cariñosas y emocionadas ofreciendo a sus bebés los primero cuidados. La mamá tigre se encontraba dando el primer biberón a su cría de tigre a la que llamó Terón que la miraba con ojos curiosos preguntándose la razón por la que había sentido de repente aquella extraña emoción. La mamá chimpancé  se encontraba muy entretenida diseñando el primer pañal para su lindo bebé, había descubierto por fin cual era la posición más adecuada para que el pañal se sostuviese sin caerse tras varias horas de investigación. La mamá leona estaba muy feliz adornando la linda cabellera de su recién nacido y no paraba de avisar al resto de leones para que acudiesen a ver lo lindo que era su nuevo bebé. La mamá foca  estaba intentando enseñar a su bebé foquita sus primeros pasos y aleteos para que pudiese comenzar a defenderse dentro de la piscina del próximo zoo al que iban a acudir.

El dueño del zoo había decidido trasladarse a un zoo más cercano al centro de su ciudad natal y para ello había contratado los servicios de un gran tren para poder realizar adecuadamente el traslado. Era por esta razón que los animales se encontraban en su interior deseosos de conocer el nuevo zoo que el señor Linares había construido para ellos y poder disfrutar del nacimiento de sus nuevas crías en él. El dueño del zoo lo había dispuesto todo para que los animales se encontraran más cómodos  y a gusto en su nuevo zoo, las instalaciones eran más adecuadas para permitir que aunque estuviesen encerrados en el recinto tuvieran la sensación de encontrarse en libertad.

Los animales del zoo estaban muy ilusionados por conocer las nuevas instalaciones y poder disfrutarlas acompañadas por sus bonitos bebés , pero las ilusiones pronto se verían frustradas ya que no muy lejos de allí, el malvado Jenetto estaba dispuesto a hacer el negocio de su vida vendiendo las nuevas crías que se habían producido en el trenecito las Margaritas.





-Todo está evolucionando según lo previsto- dijo el ayudante de Jenetto. Pronto el tren realizará una parada en la estación del mercado Ruano y nosotros aprovecharemos la situación para poder introducirnos en su interior- dijo el ayudante señalando una zona del plano.

-En cuanto el tren estacione nos introduciremos sigilosamente en el interior del tren, aplicaremos este somnífero a todos los animales de su interior para evitar que se sobresalten viéndonos aparecer y cuidadosamente les iremos arrebatando  cada una de sus crías que introduciremos en estas pequeñas jaulas. En el momento preciso avisaremos a nuestro compañero Urtero , que nos estará esperando justo en esta parte del camino , donde las vías se bifurcan, con un gran carromato, donde huiremos sin que nadie se haya dado cuenta de nuestra presencia- siguió diciendo el malvado Risetto.

-¡ Muy bien!!. Espero que todo salga según lo previsto. Es la única parada que el tren realiza , si no logramos entrar en él en el momento en que estacione, nunca lograremos conseguir nuestro propósito y una vez que el tren llegue a su destino, será imposible poder realizar el robo, ya que los guardas de la estación y los dueños del zoo estarán alertas vigilando a sus crías y a sus animales- dijo Jenetto.

-Tenemos que conseguir las crías cueste lo que cueste. Ya tengo localizado el señor al que les venderá las crías, no podemos fallarle, está dispuesto a pagar una gran suma de dinero por ellas- continuó diciendo Jenetto.

Y dicho esto los dos ladrones siguieron tramando su plan para poder capturar a las pobres crías del  tren las Margaritas.

Mientras el tigre Terón comenzaba a realizar sus primeros pasitos acompañado por la leona Rosana, el pingüino Lino , la foca Silvana y el chimpancé René.

-¿ Habéis visto como se mueven esas especies de bolas verdes.? No tienen patas como nosotros- dijo el tigre Terón que miraba admirado a los árboles a través de una de las ventanas del pequeño trenecito.

-Si, es cierto- dijo Silvana. No tienen patas pero se mueven muy rápidamente- continuó diciendo.
-No tienen patas porque no son animales- dijo el pequeño René. Mi mamá me ha dicho que son árboles- dijo muy convencido.

-¿Árboles?- preguntó asombrada la leona Rosana.

-Si, son plantas- dijo muy contenta.

-Pues yo debo ser también un árbol porque no tengo patas como vosotros- dijo extrañada la foca Silvana mirando detenidamente sus aletas.

-No , tu eres una foca- dijo el pequeño René. No tienes patas pero dispones de aletas para nadar en el agua- continuó diciendo el chimpancé.

-¡¡Ahh!!- dijo la pequeña foca. Pues sí que sabes- dijo el tigre Terón que miraba sorprendido al chimpancé.

-¡Claro! es que mi mamá me explica muchas historias y me lee muchos cuentos antes de dormir. Por eso se tanto- dijo muy emocionado René.

-Chicos, ¿ Habéis escuchado ese sonido?- dijo la leona Rosana.

-Si, es mejor que regresemos rápidamente con nuestras mamás- dijo el Tigre Terón.

-Además ya es la hora de mi próximo biberón- dijo muy contento lamiéndose pensando en el sabor de su dulce biberón.

Pero antes de que las diferentes crías pudieran llegar a su destino, el malvado Jenetto hizo su aparición llevando consigo las jaulas en las que pensaba capturar a las crías.

-¿ Pero mirad que tenemos aquí?- dijo Jenetto dirigiéndose a su ayudante Risetto. Sin son las crías recién nacidas y se encuentran todas juntitas y sin mamás que les puedan proteger.

-Adelante, Risetto. Rocíales con el espray  somnífero para que tengan lindos sueños mientras puedan ya que cuando se despierten se encontraran con una hermosa pesadilla de la cual nunca se podrán librar. Se encontraran fuera de su hogar y sin sus queridas mamás, ya que entraran a formar parte de un nuevo zoológico Alemán- dijo sonriendo el malvado.
-De acuerdo jefe, no perdamos más tiempo, el tren pronto se aproximará al punto donde nos espera nuestro amigo Urtero con el carromato. Además tenemos que evitar que las crías comiencen a realizar ruidos que puedan alertar a sus madres. Tenemos que evitar al máximo cualquier imprevisto de última hora.

Y sin más preámbulos, Risetto aplicó el somnífero a las crías que de repente sintieron evadirse y cayeron sumidas en un largo sueño. Los dos ladrones las introdujeron en las jaulas y esperaron el momento oportuno para salir despedidos del tren con la ayuda de Urtero que les esperaba acompañado con su gran carromato dispuesto a alejarse lo más rápidamente del tren en cuanto hubieran subido a él.

Pero para sorpresa de los ladrones , justo en el momento en que se disponían a saltar del vagón en dirección al carromato, la mamá chimpancé alertada por la tardanza de su cría, se dirigió hacia el vagón de juegos donde las crías habían acudido y para su sorpresa descubrió en él a los dos ladrones que se hallaban dispuestos a saltar hacia el carromato. Con un gesto rápido, la mamá chimpancé logró derribar a uno de los ladrones que cayó inconsciente al suelo tras ser derribado, pero Jinetto , antes de que la mamá chimpancé se abalanzara sobre él, decidió lanzar la jaula de las crías en dirección al carromato donde su amigo Urtero les estaba esperando.

La jaula salió disparada por los aires hasta que logró alcanzar el carromato que en seguida que pudo recoger la jaula,  salió despedido en otra dirección bajo la mirada triste de la mamá chimpancé que no pudo hacer nada para que el ladrón huyera llevándose consigo a las crías.

La mamá chimpancé corrió enseguida a alertar a las demás mamás y  a avisar al dueño del zoo para que acudiera rápidamente a detener a los dos ladrones que misteriosamente se habían introducido en el tren.

En cuanto las mamás supieron la noticia de la desaparición de sus crías se sumieron en una gran desesperación pensando en que jamás volverían a reencontrarse con ellas.

El dueño del tren avisó para que el tren se detuviera y poder ir en busca de las crías robadas, pero fue imposible poder detenerlo ya que se encontraba muy cercano a la estación y decidieron que lo más aconsejable sería detenerse una vez que hubieran llegado a Paris y desde allí iniciar una investigación para intentar localizar al ladrón.

En cuanto las mamás hubieron llegado al destino trataron por todos los medios de partir en busca de sus crias , pero el dueño del zoológico no se lo permitió temiendo que pudieran extraviarse por el camino. Así que decidió que lo ideal sería avisar a la policía del secuestro de los pequeños recién nacidos y que ellos se encargaran de iniciar la búsqueda.

Todas las mamás se encontraban muy tristes viendo que sus pequeños bebés podían encontrarse en peligro ya que habían sido capturados para fines desconocidos, no entendían como alguien había sido capaz de separar a las lindas criaturas recién nacidas de los brazos de sus madres.

En cuanto llegaron al nuevo zoo las mamás pudieron comprobar que las nuevas instalaciones eran muy acogedoras y que habían dispuesto diferentes cunitas en cada zona del zoológico reservadas para sus bebés que ahora permanecerían vacías. La mamá tigre fue corriendo a refugiarse en uno de los rincones del zoológico para llorar amargamente la pérdida de su bebé deseando que pronto pudieran localizarlo y volver a reencontrarse con él.

Las demás mamás recorrieron el nuevo zoo y cada una fue en dirección de la zona que tenía reservada teniendo la esperanza de que pronto sus pequeñas crias pudieran disfrutarlas con ellas. Mientras el malvado Urtero recorría los caminos con su carruaje temeroso de que la policía le pudiera dar alcance, así que decidió salir del camino e ir en dirección contraria para de esta manera despistar a los posibles policías que pudieran estar acechándole. Así que Urtero salió de la zona de las vías y se introdujo campo a través con tan mala suerte de que durante la huída una de las ruedas de su carruaje topó con una gran roca y provocó que ésta se liberara del carruaje que comenzó a girar sin sentido provocando que se estrellara con un gran árbol. Debido al golpe, el malvado ladrón quedó inconsciente y la pequeña jaula donde se encontraban los animalitos salió despedida fuertemente del carruaje provocando que el candado que la cerraba firmemente se abriera  dejando en libertad a las pequeñas crías.

-¿ Pero dónde estamos? – dijo el pequeño Terón.

-¿ Cómo hemos llegado hasta aquí?- dijo la pequeña foquita que no paraba de mirar a su alrededor.

-Estamos en un bosque- dijo algo asustado el chimpancé René. Posiblemente nos hemos caído del tren.

-¿Y donde se encuentran nuestras mamás?- dijo muy triste la leona  Rosana.

-Deben estar todavía en el interior del tren- dijo la foquita Silvana.

-Pues debemos ir en su búsqueda. Quizás si recorremos las vías en aquella dirección podamos alcanzarlas- dijo esperanzado el chimpancé.

-Tengo hambre- dijo la pequeña Silvana.

-Y yo también- dijo sollozando la pequeña Rosana.

-Chicas, no os desaniméis, ya veréis como pronto estaremos con ellas-dijo el chimpancé intentando dar ánimos.

Y dicho esto las cinco crías fueron en dirección a las vías dispuestos a recorrerlas para poder alcanzar el tren, pero tristemente las fuerzas y la falta de alimento les hizo desfallecer enseguida y se quedaron varados en medio del bosque donde la cigüeña Ruela hizo su aparición realizando su vuelo de costumbre por el lugar.

-¿ Pero qué es esto?- dijo la cigüeña Ruela. Pero si son cinco pequeñas crías- dijo sobresaltada

-¿Que deben estar haciendo por aquí? ¿Cómo pueden haber llegado hasta esta zona del bosque?- dijo la cigüeña mirando perpleja a las criaturas.

-Están muy débiles. Será mejor que  avise a alguien para que se encarguen de ellas. Si permanecen mucho tiempo aquí puede que se encuentren en peligro- dijo Ruela dirigiendo la mirada hacia su alrededor.

En aquel preciso momento, sus amigas cigüeñas, Saltina y Dorotea, aterrizaron justo en la zona del bosque donde se encontraban los pequeños bebés y Ruela.

-¡Ruela, Ruela!!- dijo emocionada Saltina. ¿Que ocurre aquí? ¡ Pero si son crías de animales ¡ Son preciosos!!- dijo Saltina admirando a los pequeños.

-Pero parecen que están muy débiles- dijo la cigüeña Dorotea mirando el estado de las hermosas crías.

-Será mejor que las llevemos hasta nuestro campanario para curarles las heridas y darles algo con lo que alimentarse- dijo Saltina recogiendo a los pequeños René, Silvana, Rosana, Pingue y Terón del suelo.

-Vamos rápido a trasladarlos a nuestro nido, allí podrán recuperarse adecuadamente- dijo Dorotea ante la mirada extrañada de la cigüeña Ruela.

-¿ Pero qué vamos a hacer con los pequeños en lo alto del campanario? No podemos llevarlos allí, quizás sus mamás estén preocupadas. No podemos hacernos cargo de ellos- dijo malhumorada Ruela.

-De momento no podemos hacer otra cosa Ruela. No hay nadie por los alrededores, están abandonados. Soy incapaz de dejarlos abandonados a su suerte. - continuó diciendo Dorotea.

Y antes de que Ruela pudiera  rebatir las palabras de Dorotea, las dos cigüeñas partieron en seguida hacia lo alto del campanario de la catedral de Nôtre dame con los pequeños dispuestas a hacerse cargo de ellos durante todo el tiempo que fuera necesario.

Ruela en aquel momento no quiso acompañarlas pero viendo que quizás sus compañeras tenían razón y no podían dejar a aquellos bebés sin protección decidió seguirlas hasta sus nidos.

Cuando las cigüeñas llegaron hasta lo alto del campanario limpiaron cuidadosamente las heridas de los pequeños, buscaron algunos frutos en las ramas de los árboles que crecían en los jardines de la catedral para alimentarlos y le ofrecieron el calor necesario abrigándolos entre sus plumas.

Rápidamente los pequeños comenzaron a despertarse y muy atentos miraron a su alrededor extrañados.

-Hola- dijo la pequeña foquita. ¿Que hacemos aquí? ¿  Y quienes sois vosotras?- dijo Silvana mirando los grandes picos de las cigüeñas.

-¿Sois nuestras nuevas mamás? – se aventuró a decir la leona Rosa--No, no ves que no tienen cuatro patas, no son como nosotros- dijo el chimpancé René mirando las largas patas de las cigüeñas.

-Entones, ¿ no sois mamás?- continuó diciendo el tigre Terón.

Ruela, Saltina y Dorotea se quedaron un largo rato admirando la belleza de los pequeños bebés sin saber qué contestarles, pero de repente , el instinto maternal se hizo sentir en los corazones de las cigüeñas, que rápidamente decidieron hacerse cargo de los pequeños y cuidarlos como si realmente fueran sus verdaderas mamás.

-Pues claro que somos mamás- dijo Saltina acariciando la larga cabellera de Rosana. Somos cigüeñas y me yo me llamo Saltina.

-Esta larga y fea cigüeña de allí se llama Dorotea- dijo realizando una mirada de complicidad a su amiga la cigüeña.

-Bueno, gracias por el cumplido..Pero es cierto mi nombre es Dorotea- dijo la cigüeña.

-Y aquella cigüeña más joven de allí se llama Ruela- dijo muy emocionada la cigüeña Saltina que no paraba de acariciar a los bebés.

-¿ Pero se puede saber que estáis haciendo?- dijo enfurecida Ruela. No sois sus mamás, no podemos hacernos cargos de los pequeños- dijo Ruela intentado que sus compañeras entrasen en razón.

Pero las palabras de Ruela no fueron escuchadas por sus compañeras que hicieron caso omiso de sus consejos y siguieron ofreciendo su amor y sus cuidados a los pequeños.

-NO puede ser- siguió diciendo Ruela. No nos podemos hacer cargo de ellos en lo alto de este campanario , las criaturas crecerán y no podremos mantenerlas aquí.

Pero antes de que la cigüeña pudiera acabar de hablar, el pequeño Terón se dirigió hacia ella deseoso de que le acariciase y le protegiese en el interior de sus plumas. Terón se acurrucó entre ellas esperando que Ruela le meciese y le cantase una canción para conciliar el sueño. Ruela comenzó a entonar una linda canción y el bebé tigre enseguida cayó profundamente dormido.

Día tras día los bebés iban creciendo con la compañía de las dulces cigüeñas. Se encontraban muy felices viviendo entre ellas y admirando la belleza de los jardines de Nôtre dame desde lo alto del campanario de los jardines. En muchas ocasiones sobrevolaban los jardines acompañados por sus mamás cigüeñas que los trasladaban de un lugar a otro mediante saquitos realizados con hojas y ramas para poder trasladarlos adecuadamente.

Uno de los días en que Ruela estaba recogiendo unos frutos para poder ofrecer a su pequeño, de repente , escuchó entre los matorrales como el dueño del zoológico , el señor Linares, hablaba detenidamente con su amigo Pedro.

-Pues ya no sé qué hacer- dijo tristemente el señor Linares. Desde que robaron a su cría se muestra fría , distante e incluso a veces agresiva. No quiere comer ni se relaciona con ningún otro tigre. Yo hice todo lo posible para poder encontrarlos cuando fueron capturados, pero solo logramos encontrar a los ladrones. Los pequeños debieron escapar hacia el bosque y seguramente perecieron en él-continuó diciendo cabizbajo.

-Estoy pensando en que si continúa con este comportamiento tendré que deshacerme de ella. ¿Qué puedo hacer para que recupere las ganas de vivir y deje de comportarse agresiva y distante?- continuó diciendo Linares.

-¿ Has probado en aparearla nuevamente?- dijo Pedro. Quizás un nuevo bebé le haga olvidarse del anterior y su instinto maternal le haga salir de la tristeza en la que se encuentra- continuó diciendo el veterinario.

-Lo he probado todo y no quiere saber nada de nadie. Ni tigres ni atracciones ni nuevos alimentos, nada del zoo le logra distraer ni hacerla sobrellevar su situación- dijo en tono melancólico Linares.

-Mañana iré al zoo para ver el estado en que se encuentra e intentaré buscar un remedio para recuperar su ilusión perdida pero no te lo puedo asegurar. Cuando los animales se encierran en sí mismos es muy difícil que vuelvan a reaccionar- dijo el veterinario intentando no dar demasiadas esperanzas a su amigo.

-¿ Un zoo en la ciudad?-pensó para si misma Ruela. ¿ Una mamá tigre ¿ ¿ un robo?- continuó meditando Ruela.

-No puede ser lo que me estoy imaginando,  quizás la mamá tigre de la que están hablando sea la verdadera madre de Terón. Si eso fuera cierto….- continuó pensando Ruela imaginándose que si sus suposiciones eran ciertas tendría que  entregar tarde o temprano la pequeño a su verdadera mamá.

-Espero que no sea cierto- dijo con su pequeño corazoncito en vilo. No me gustaría separarme de él , lo he cuidado como si realmente fuera hijo mio ..
-¿Qué dirán Saltina y Dorotea cuando se enteren? Será un duro golpe para ellas. Partiré en seguida al zoo para investigar si mis suposiciones son ciertas-  continuó diciendo Ruela mientras iniciaba su vuelo en dirección al zoológico del centro de la ciudad.

Y dicho esto la bonita cigüeña partió en busca del zoológico y a varios metros de allí localizó donde se encontraba e inició su aterrizaje.

En cuanto llegó allí pudo comprobar que un gran zoológico se alzaba en el centro de la ciudad y muchos animales se encontraban disfrutando en libertad de los diferentes hábitats que el señor Linares había construido para ellos.

La cigüeña Ruela comenzó a  recorrer el zoológico admirando la cantidad de especies de animales convivían allí. Había osos, panteras, monos, delfines  y hasta grandes leones que se mostraban alegres y contentos disfrutando de su vida en el zoo.

Al fin la bonita cigüeña encontró la zona reservada para los tigres y al fondo de una de las rocas que conformaban sus guaridas, vio en un rincón recostada a la mamá tigre que no paraba de sollozar y de emitir gruñidos ensordecedores.

Ruela se acercó hacia la mamá tigre y se quedó realmente conmocionada viendo el estado en que se encontraba. Su rostro estaba triste y malhumorado, hacía tiempo que no probaba bocado y había perdido mucho peso.

-Buenos días—dijo Ruela dirigiéndose a la mamá tigre.

-No quiero saber nada de nadie, márchate fea cigüeña- dijo la mamá tigre dándose la vuelta para no tener que hablar con ella.

-He oído decir que estás triste porque hace algún tiempo robaron a tu pequeño bebé recién nacido- dijo Ruela intentando averiguar si se trataba de la verdadera mamá de Terón.

-Si , así es. Desde entonces no quiero saber nada de nadie ni de la vida. No sé donde estará ni como se encontrará pero en el interior de mi corazón tengo la esperanza de algún día poderlo encontrar- dijo cabizbaja la mama tigre.

-Su nombre es Terón- dijo la mamá recordando a su pequeño. Otras mamás que viajaban conmigo en el trenecito del zoo también perdieron a sus bebés, la mamá chimpancé, la mamá foquita ,la mamá pingüino y la mamá leona pero ellas han aceptado resignadas su situación cosa que yo jamás podré realizar. Echo tanto de menos a mi lindo bebé….era tan precioso…- continuó diciendo la mamá tigre.

En aquel momento la cigüeña Ruela se dio cuenta de que realmente se trataban de las mamás de los pequeños que se encontraron abandonados en medio del bosque, en aquel momento supo que las mamás no los habían abandonado sino que los pequeños habían sido robados.

Sin saber qué hacer ni que contestar se marchó rápidamente tal y como había llegado mientras pensaba durante el vuelo que le diría ahora a sus pequeños y a las mamás cigüeñas , qué pensarían ellas en cuanto le comentase lo que había descubierto, al mismo tiempo pensaba en cómo se debieron sentir las mamás cuando les arrebataron a sus bebés, ahora entendía perfectamente lo que el instinto maternal significaba y sentía una gran tristeza en su corazón pensando que quizás la única solución posible seria devolverles los pequeños a sus respectivas madres.

Con todos estos pensamientos Ruela llegó por fin a lo alto del campanario donde los pequeños les estaban esperando con un lindo regalo ya que ese día era su cumpleaños.

Ruela abrazó entusiasmada a los bebés y a sus compañeras cigüeñas sin tener el ánimo y el corazón suficiente como para poderles contar que realmente  no eran sus verdaderas madres y que había llegado el momento de separarse de ellas, ya que había hallado donde se encontraban sus verdaderas mamás y el motivo por el cual les habían encontrado tiempo atrás desamparados en el bosque.

Una vez que los bebés se dispusieron a realizar su siesta habitual, Ruela se reunió con Saltina y Dorotea y les explicó muy tristemente lo que había descubierto. Entre todas pensaron que muy a pesar suyo, la mejor solución para los bebés sería devolvérselos a sus mamás que les esperaban ansiosas en el gran zoo que era su verdadero hogar. De esta manera la mamá tigre volvería a recobrar su alegría y los pequeños crecerían en condiciones más adecuadas que en lo alto del campanario de la catedral.

Muy tristes y apenadas pensando en la separación y en que volverían a encontrarse de nuevo en soledad , las cigüeñas pensaron en la mejor manera de poderles contar a sus pequeños la verdad.

Ruela decidió que la mejor manera de separarse de ellos sin que los pequeños sintieran ningún tipo de dolor, sería narrándoles un lindo cuento para que entendiesen la verdad de la situación con alegría y aceptación.

Así que decidió reunirse con los bebés  y comenzó su narración.

-Terón, Silvana , Pingue,  René y Rosana, venid un momento aquí a mi lado. Ha llegado el momento de explicaros el cuento de las cigüeñas y de su verdadera función- dijo Ruela entonando una linda canción.

-“ Erase una vez , hace algún tiempo, los bebés eran enviados desde el cielo en pequeñas cestitas de flores y de hojas de árboles indicando la dirección y a la mamá a la que pertenecían, llegaban al mundo descendiendo entre las hermosas nubes y guiados por el viento que les hacían aterrizar justo en el hogar donde debían crecer junto con sus queridas mamás. Pero un día el malvado Gavilán  Matraz descubrió desde lo alto de su colina, por donde descendían las pequeñas crías de bebés y se dispuso a capturarlas para poder devorarlas antes de que pudieran llegar a reencontrarse con sus mamás. El Dios del cielo descubrió la maldad del malvado Gavilán y decidió que para asegurarse de que los bebés llegaran felizmente a su destino y que las mamás los pudiesen recibir con todo el amor que estaban dispuestas a ofrecerles, era necesario que el descenso de los pequeños desde el cielo hasta la tierra fuera protegido y amparado por las cigüeñas que a partir de entonces guiarían todo su recorrido para evitar que fueran capturados por el malvado gavilán. De esta manera el Dios del cielo enviaba en pequeños paquetitos a los bebés hacia la tierra  desde lo alto del cielo y eran recogidos por las bonitas cigüeñas que los esperaban en lo alto de los campanarios para facilitar su descenso. Una vez  allí, las cigüeñas se encargaban de protegerlos durante un tiempo, de darles el abrigo y la protección necesaria hasta localizar a sus verdaderas mamás y entregárselos cuidadosamente despistando de esta manera al malvado Gavilán. Así es como las cigüeñas cumplen la función encomendada por el Dios del cielo, reparten a los bebés desde lo alto de su campanario y los distribuyen hacia sus respectivos hogares sabiendo que nada malo les podrá ocurrir durante su descenso ya que los dejan al cuidado de las mamás que los reciben con un amor intenso”

-¿ Os ha gustado el cuento?- dijo Ruela mirando atentamente a los bebés que reían emocionados escuchándole recitar el cuento.

-Si, es muy bonito- dijo René acariciando el ala de Ruela.

-¿Eso quiere decir que debéis acabar de completar vuestra función?- dijo en tono sorprendido la foquita Silvana.

-¿Debemos partir ya en busca de nuestro verdadero hogar?- siguió preguntando René.

-Así es- dijeron las mamás cigüeñas.

-Ahora que ya habéis crecido y que el gavilán ya no está al acecho , es hora de que os llevemos hacia vuestro verdadero hogar y al lado de vuestras queridas mamás que os están esperando muy ilusionadas-  dijo la cigüeña con lágrimas en los ojos.

-¿Pero eso quiere decir que no nos volveremos a ver más?- dijo Terón abrazándose a Ruela.

-No , claro que no. Nosotras desde de lo alto del campanario siempre estaremos cuidándoos y evitando que ningún malvado gavilán pueda haceros daño.- dijo Dorotea.

-Además iremos a visitaros  a vuestro nuevo hogar siempre que nos sea posible- dijo muy emocionada  Saltina.

-Pues entonces está bien- dijo la pequeña Silvana.

-Si, vayamos cuanto antes al encuentro de nuestras mamás, hace tiempo que nos deben estar esperando- dijo muy contento René.

-Seguro que tienen cuatro patas como nosotros ¿Verdad?- dijo la pequeña leona.

-Y aletas como yo- dijo la foquita mirando sus lindos piececitos.

-Si, son exactamente iguales a vosotros- dijo muy convencida Ruela.

-Venga, preparemos los nidos y vayamos en la búsqueda de vuestro nuevo hogar- dijo Dorotea buscando los nidos de flores y hojas para poder trasladar adecuadamente a los bebés.

Y dicho esto las tres cigüeñas partieron acompañadas con sus bebés en dirección al zoológico dispuestas a hacerles entrega de los pequeños a sus respectivas madres.

En cuanto llegaron al zoo los diferentes animales se quedaron observando sorprendidos a las cigüeñas viéndolas aparecer con los paquetitos de bebés en sus largos picos.

Las cigüeñas se dirigieron rápidamente en busca de la mamá leona, foca, pingüino,  tigre y chimpancé dispuestas a entregarles a sus bebés.

Las mamás en cuanto vieron de nuevo a sus pequeñas crías lloraron emocionadas celebrando el feliz reencuentro. Los bebés se quedaron sorprendidos viendo la emoción con la que las mamás los habían recibido y reconocieron en sus miradas y en su amor que se trataban de sus verdaderas madres.
Las tres cigüeñas una vez que hicieron entrega de los bebés a sus madres decidieron  marcharse volando de nuevo hacia lo alto del campanario con la satisfacción de haber consumado el mejor acto hasta entonces realizado. Se marcharon orgullosas de haber presenciado el maravillo reencuentro de las mamás y sus pequeños sabiendo que no los dejaban desamparados ya que siempre estarían bajo el calor de sus cuidados.

Y así fue como las cigüeñas hicieron su reparto y a partir de entonces se dedicaron a proteger desde lo alto de su campanario el nacimiento de todos los bebés asegurándose de que siempre cayeran en buenas manos alejándolos de los malvados que pretendiesen hacerles daño.

Y es por esta razón que hoy en día se cree que todos los bebés provienen de París y que son las cigüeñas las encargadas de poderlos adecuadamente repartir para conseguir  disfrutar de un maravilloso reencuentro y de la celebración de un nacimiento feliz.


Y colorín, colorado..este cuento se acabado

Los wikicuentos multiculturales

Mónica Zambrano.


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